martes, 30 de marzo de 2010

Un crimen para tres

Anita, Birgiña y Ródica eran amigas de la vida. Vivían en la costa, en casitas rústicas pero llenas de ese amor con gusto a agua salada.

Don Antonio Segundo Xombra les llevaba (todos los martes, sin excepción) la carne a domicilio: bistec y papa horneada. Era un señor bondadoso. De barba y pantalones blancos.

Pero Anita, Birgiña y Ródica ocultaban algo. Ellas tenían comercio carnal con Don Antonio.

La relación podía explotar en cualquier momento. Los temperamentos de las amigas eran volátiles. Pero el carnicero sabía saciar el apetito de cada una de ellas, manteniéndolas a raya.

Sin embargo, cuando se celebraron las Pascuas, Don Antonio llegó tarde al almuerzo. Las amigas supusieron lo peor: una cuarta amante.

A pesar de que el carnicero se defendió gritando su verdad, Anita, Birgiña y Ródica se arrojaron sobre él con cuchillos en mano. Lo destriparon. Se bañaron con su sangre, chillando palabras incomprensibles.

No había cuarta amante. Don Antonio se había demorado a causa de una entrega dilatada del matadero, el cual le enviaba la materia prima para vender en la tienda.

Las amigas huyeron al extranjero. Y la justicia internacional (cuyo repulgue es largo y contundente) las atrapó en Suiza.























1 comentario:

  1. Un sacrificio satánico donde destacan repulgues y tapas de hojaldre. El mal está adentro. De una empanada...

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