martes, 1 de julio de 2008

Hermanas

Silvia y Nancy eran empanadas hermanas. Una de tomate y otra de albahaca.

Juntas padecían de un padre abusivo que necesitaba sentirse hombre constantemente. Juntas querían suicidarse. Ese era su único sueño, entre trompadas, gritos y vómitos de sangre.

Vivían recluidas en una habitación pequeña, sucia y con olor a cigarro húmedo. No había día ni noche: todo era el mismo esplendor oscuro del mal. Papá llegaba y con él la tormenta, las visiones de óxido.

Pero nada les importaba. Estaban de la mano y contándose historias que inventaban, y que efímeramente les permitía escapar de aquel infierno.

En nochebuena su padre no se atrevía a tocarlas.

–Disfruten esta noche –decía el monstruo detrás de la gran puerta de madera.

En esa velada, Silvia y Nancy descubrían que las paredes desaparecían. Corrían por un jardín maravilloso, lleno de colores intensos. Verdes, rojos, amarillos. Las flores les cantaban mientras las abejas tejían hilos de miel que las hermanas saltaban, riéndose.

La fantasía terminaba cuando chocaban contra algo durísimo, y se percataban que era la puerta de madera.

Estaban de regreso en la habitación cerrada. El amanecer navideño inauguraba una nueva sesión de escarmiento paterno.


3 comentarios:

  1. FUERTE.

    Me gusta la metáfora de tejer juegos de miel...

    besotes
    musa

    ResponderEliminar
  2. Como hoy me siento generoso te regalo la palabra "Ergastolo"

    ResponderEliminar
  3. Oscar:

    Muchas gracias por regalarme tan encantando palabra!

    Suyo,
    Vul

    ResponderEliminar